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23 de octubre de 2007

Lluvia

Llueve sobre mojado. Ayer llovió un manantial. La tierra seca lo agradece. Hoy, llovió un galón. La tierra, aún mojada, lo agradece. Muchas plantas que van a nacer lo necesitan, muchas calles sucias se han lavado, muchas tristezas se han ido, muchos caminos se han esclarecido tras aplacar el polvo con el agua que ha caido del cielo. La lluvia tiene, para mí, un significado asociado con lo más visible de ella y con lo más místico que la rodea. Limpia y lava, aplaca y calma. Es el momento para reflexionar.

Hoy he visto la lluvia caer y, curioso, me ha dado tiempo para reflexionar. Y he visto lo que he cambiado en mi relación con la lluvia. No sé bien en qué momento dejé de considerarla aquel elemento de melancolía que me desataba una ansiedad interna y me movía las emociones, para pasar a ser este elemento de limpieza y contemplación.

Gota a gota empiezo a pintar un nuevo mundo para mí...

2 de septiembre de 2007

Disculpe la molestia, estamos trabajando para usted

Y así ando últimamente...

Tengo un mes en casa nueva y sin internet. En el trabajo tengo acceso limitado a la internet pero las musas se ausentan mucho ante las restricciones que tengo. Ergo, no escribo ni mucho ni poco. No escribo, punto.

Tengo un mes más sin equipo de sonido. Desde que empezó el proceso de mudanza, el equipito de sonido que teníamos se murió y sólo nos dejó la radio. Antes había perdido el del carrito cuando se me cayó al piso la parte frontal y ahora no me deje oir sino el disco que tiene adentro y que no saca, al volumen que quiere y en las pistas que le provoque, las veces que quiera ponerlas. Sobrevivo, musicalmente hablando, gracias al regalo mi buena amiga S. Así las cosas, harta ya de oir la radio, he decidido invertir algo de dinero en un equipo de sonido nuevo, pronto, espero... cuando ahorre algún dinero.

Tengo casi 2 días con teléfono. Estuve más de 15 días sin teléfono fijo, por lo que ni la opción de consultar la instalación de internet podía. Ahora vamos para mejor...

Tengo casi mes y medio en ires y venires médicos por diversas causas. Lo mejor hasta el momento es mi terapeuta.

Tengo la casa menos patas arriba y más patas abajo... si se quiere poner de algún modo.

Tengo gato nuevo, de 4 meses... y una nueva sensación en mis noches: despertares súbitos para desembarazarme de un gato comodón.

Tengo nuevas decisiones en mi cotidianidad y mi futuro...

Tengo un período plástico expresivo desde hace más de 3 semanas... y no me aburro ni me canso.

Tengo la sensación de que estoy en uno de esos "puntos de quiebre" tan comunes en mi agitadísima vida.

Por todo ello pido excusas a mis fieles seguidores: no he podido corresponderles con todas mis atenciones. Pero pronto, prontito, volveré a retomar la escritura. Aunque sólo sea a través de una conexión semanal a la internet.

23 de agosto de 2007

Carta sin respuesta

Y aquí estoy, mi niñito, con maullidos a mi lado para entender tus largas reflexiones junto a la Cintia. Vestida de hojitas, menudas, para refrescar en verano con la imagen de un otoño incipiente. O, como mejor te resultaría ahora, para calentar el invierno con la ilusión de una nueva posibilidad.

Aquí estoy, pensando en aquel febrero gris y en el mayo de dicha febril. Aquí estoy, con un peludo curioso, de ojos arena y miel (como los tuyos), que me invade la cama y de noche se acuesta junto a mí. Me quedo pensando si no será que tú te metiste un poco en él para tenerme más cerca de tí.

Acá estoy, mi niñito, en pleno agosto. Vestida con hojitas diminutas, las que te emocionaban, como preludio a una primavera que ya se nos hizo invierno. Con un saquito de maullidos que me persigue, recordándome de tí.

1 de julio de 2007

Ella, él y yo

Llegó un día corriendo a mi puerta.

Con ella entró el viento del norte y se trajó algunas hojas encima.

El viejo barbudo se sentó en mi sala mientras ella lo miraba desde el rincón

Yo, no sabía qué hacer ni a dónde ir. Así que les ofrecí a ambos un café y los invité a descansar

Ella prefirió un café acorde a su tamaño, así que busqué una taza muy pequeña: no quise servirlo en una taza promedio porque le iba a parecer una descortesía de mi parte.

El, por su parte, quiso uno acorde a su antigüedad, así que le preparé uno muy fuerte, muy grande y muy caliente porque pensé que con su antigüedad, su tamaño y su temperatura irían muy bien.

Sorbían el café cada uno a su ritmo: a cortos sorbos él, a largos sorbos ella.

Yo los miraba a ambos desde mi chimenea, allí, con mi bandeja en la mano y mi gato enrrollado a mis pies.

Entonces él decidió hablar. Ella se quedó impávida y a mí se me heló el corazón.

Cuando ella le respondió, con una voz ausente, yo me eché a llorar por lo que sentí, lo que no sentí y lo que pude haber sentido.

El volvió a hablar y ella volvió a quedarse impávida y yo volví a quedarme helada, pero ahora se me congeló el corazón con los sentimientos revueltos.

Supe entonces que debía sacarlos a ambos de mi casa, pero no he podido hacerlo y en mi sala se quedaron.

Todavía, cuando el Viento del Norte habla, a mi se me hielan en el corazón los sentimientos que Bélgica, con su voz ausente, me revuelve. Especialmente en los días en que llegan las hojas con él.