"Para mí, esa desemejanza era un atractivo más, ya que es sabido que las parejas que son (valga la redundancia) demasiado parejas, se aburren como ostras."
El porvenir de mi pasado. Mario Benedetti.
"Marchant dans la brume
Le cœur démoli par une
Sur le chemin des dunes
La plage de Malo Bray-Dunes
La mer du Nord en hiver
Sortait ses éléphants gris vert"
Le baiser. Alain Souchon.
Todavía no sé de dónde viene todo esto que siento mientras camino, pero sé que lo siento hondo, muy hondo.. .y sé que me lamento de sentirlo. Es que así, vestida como estoy, con un abrigo acolchado encima de unos pantalones de pana y un sueter de lana que viene a ajustarse encima de una camisa de algodón, rematada por unos guantes, bufanda y gorro, siento frío. Pero no es el frío exterior. Ese me gusta, me golpea fuerte en la cara mientras los elefantes verdes-gris del invierno belga se aproximan a mí, en esta vasta playa. Es ese frío otra vez. Ese que me hace sentirme absolutamente desprotegida, perdida, diminuta, insignificante, vacía...
Las dunas a mi derecha, el Mar del Norte a mi izquierda. Un perro corriendo y jugando en la heladísima agua de la playa. Yo jugando a recoger conchitas, de esos moluscos bivalbos raros que parecen tubos cortos y que les abundan a esta gente por acá. El anillo se me sale y con prontitud trato de recuperarlo. ¿Te imaginas si lo pierdes? ¿Acaso te reprimiría? ¿Se entristecería? ¿Diría que le das muy poco valor? Diría que es típico de tí y que lo has perdido a drede? Ya te ha echado en cara que él no se lo quita nunca, ni para hacer oficios domésticos, mientras tú te lo quitas no sólo para fregar y lavar ropa, sino porque te estorba...
Gris, verde-gris los elefantes que caminan en el cielo que nos cubre. Yo no sé de qué color está mi alma, pero no es bonito. Prefiero evadirme, no pensar en el problema del que venimos hablando él y yo. Lloro, sé que estoy llorando, me veo llorar todavía. Otra vez. Aún más. Hace rato también pero ahora más. Nunca antes como hoy, como ahora. El no dice mucho, me da la razón. Pero sé que no termina de asimilarlo para sí. Le vuelvo a explicar, me sigue exponiendo e imponiendo su punto de vista. Somos tan distintos que me frustro y decido dejar de hablar, de decir, de explicar. El creerá que tiene razón, que es todo lo que le importa porque a él le gusta ganar en todo, siempre, en cualquier cosa. Hasta en el simple divertimento que representa una partida de dominó jugada por novatos.
El aire tiene enredados pedazos de la niebla que se estanca más al norte. Mi corazón está rodeado por otro tipo de bruma. Y yo, para no llorar más, me rodeo del aire frío que me golpea la cara. En momentos así, el frío me devuelve a la vida, me hace sentir de nuevo mis dedos, mi rostro, mis orejas, mi piel... me dice que algo más está pasando allí afuera. Entonces salgo de mi caos interior y me entrego a sentir el frío. De normal me molesta y prefiero la calefacción. Pero cuando estoy muy triste o me siento muy perdida, salgo a coger aire frío, a caminar, a pasear. Y a veces, si no es suficientemente frío, me abro el abrigo para que el aire entre y me obligue a pensar en los temblores de la barriga y las piernas por el frío y no en mi bruma gris-blanca.
Me vuelve a hablar y me irrita. Quiero ir a oir los pájaros en la duna, el viento en la duna, las gramitas y la arena que hacen la duna. Para mí es como un vientre cálido en la vastísima costa fría. Es como la madre, como el calor de la madre. Y si no fuera por los turistas que por ahí se pasean, me sentaría por un buen rato en las dunas a escuchar a los pajaros cantar en sus nidos de verano, totalmente vacíos en este invierno gris, mientras abrazo mis piernas y me enrrollo sobre mi vientre. Vuelve a recordarme que estamos en la playa y le digo para ir a pasear por las dunas pero se rehusa. Alega que ya es tarde. Pero nunca es tarde para ir a visitar a sus amigos, para ir a cenar con ellos y tomar unos tragos que se diluyen con su dialecto cercano. Para él nunca es tarde. Siento como que yo le molestara. Mis amigos le interrumpen sus tardes de descanso el sábado y el domingo luego de montar en bicicleta con amigos toda la mañana, tras prometerme que saldríamos en la tarde con mis amigos.
El otro día me hizo rabiar. Y mucho. Hasta yo me sorprendí. Fue la primera vez que protesté con lágrimas de tristeza, de impotencia y de rabia, todo junto. Llegué a odiarlo por decirme que iríamos donde mis amigos y luego se declaró inapetente de cumplir con sus promesas, alegando que mis amigos vivían muy lejos. Le imprequé su negligencia y su indiferencia, le dije que para la próxima no le diría qué había, ni en casa de quién. Que simplemente haría una modesta maleta con una muda de ropa, mi cepillo de dientes y mi desodorante y me iría a la lejana casa del amigo en cuestión y me quedaría hasta el día siguiente, como ellos me habían propuesto hacer. A mí no me importaban los morochos de unos ni la beba de los otros ni el retoñito de aquellos otros... todos eran amables, generosos y amigos. Y él era un egoista. Al final, tras gritarme y perseguirme a gritos por la casa, tras llevarme por el brazo hacia el cuarto, me forzó a vestirme porque para él era punto de honor que yo estuviera no sólo molesta con él sino congraciada porque al final me complacía... "para que no digas nada de mí, que yo soy el malo y el monstruo", y me haló escaleras arriba. Me hizo rabiar más...
Ese recuerdo pasó como un destello de luz por mi mente. No insistí sobre ir a las dunas. Prefería recordarlas así como eran, pequeñas, protectoras, maternales. Si él me llevaba por mi insitencia, quedarían como yo, huecas, vacías de emoción, sin energía. Las prefería puras, limpias, ajenas a todo mi dolor... un sitio para poder ir si quería, si podía, otro día...
Se me anudó la garganta pero no lloré. No era por ganas de llorar el nudo ese, sino porque yo no dejaba salir mis palabras. Entonces ellas se agolpaban en la garganta, el último reservorio antes del sonido... y allí las forzaba a dormir. Me molestaba parecerme a él: despertaba a mis palabras, las llenaba de ilusiones y luego, arguyendo que no era ni prudente ni útil, las forzaba a dormir en mi garganta, someiténdolas a mi capricho. Pero yo no tenía energías ni para vencer mi lógica y dejar fluir mis palabras ni para discutir con él.
Nos fuimos mientras sobre nosotros se precipitaban elefantes verdes-grises que amenazaban con llover...
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9 de mayo de 2007
23 de abril de 2007
La tierra de nadie
Alguien me dijo una vez, hablando del evento que dió origen a lo que hoy es su país, que Bélgica nació "de mútuo acuerdo", por así decirlo.
Me contaba este belga de nacimiento, flamenco antes que belga, según él mismo, que hace muchos años, los ingleses decidieron invadir y conquistar para sí lo que en la época era un pedazo de Holanda. Luego decidieron hacer lo mismo con los franceses, mientras estos peleaban con los alemanes. Luego, los alemanes querían reclamar para sí lo que los ingleses defendían como suyo en el continente europeo, en lo que era la antigua holanda.
tras mucho luchar los 4 países entre sí, se dieron cuenta de que se estaban afectando inútilemente y que lo mejor sería que siguieran sus luchas territoriales pero en un llamado "punto neutro", un trozo de tierra que los cuatro pudieran usar para pelear contra los demás sin salir afectados...
... y el "punto neutro" era un gran trozo de tierra cultivable, bañado por el Mar del Norte, lleno de campesinos y plantíos. Sería ese trocito de tierra, mucho más pequeño entonces, lo que se convertiría en la que hoy conocemos coo Bélgica.
Me contaba este belga de nacimiento, flamenco antes que belga, según él mismo, que hace muchos años, los ingleses decidieron invadir y conquistar para sí lo que en la época era un pedazo de Holanda. Luego decidieron hacer lo mismo con los franceses, mientras estos peleaban con los alemanes. Luego, los alemanes querían reclamar para sí lo que los ingleses defendían como suyo en el continente europeo, en lo que era la antigua holanda.
tras mucho luchar los 4 países entre sí, se dieron cuenta de que se estaban afectando inútilemente y que lo mejor sería que siguieran sus luchas territoriales pero en un llamado "punto neutro", un trozo de tierra que los cuatro pudieran usar para pelear contra los demás sin salir afectados...
... y el "punto neutro" era un gran trozo de tierra cultivable, bañado por el Mar del Norte, lleno de campesinos y plantíos. Sería ese trocito de tierra, mucho más pequeño entonces, lo que se convertiría en la que hoy conocemos coo Bélgica.
15 de febrero de 2007
Carta número 3
No puedo odiarte, lo sabes. Pero has revuelto mi vida y la has seccionado en dos partes perfectamente visibles. Así que todo lo que vive en mí por tí, y lo que existió, también lo has separado por esa línea indeleble, trazada con un pulso firme.
A tí te debo el saber hasta qué punto puedo ceder en mis aspiraciones y hasta que punto debo negarme a dejar que mis aspiraciones no sean tomadas en cuenta.
A tí te debo el saber hasta qué punto puedo dejar que me maltraten y hasta que punto debo evitar ser maltratada.
A tí te debo el saber qué cantidad de terquera habita en mí.
A tí te debo el saber qué cantidad de ternura y amor guardo.
A tí te debo el saber qué cantidad de espíritu de martir tengo escondida en mis fibras.
A tí te debo el saber cuál es el límite de mi autocompasión y el inicio de su erradicación.
A tí te debo el saber hasta qué punto llega mi capacidad de entrega y compromiso en una relación.
A tí te debo el saber qué hacer y cómo no actuar con un hombre al que creo que podría amar o al que simplemente aprecio.
A tí te debo el saber todo lo bueno que me compone.
A tí te debo el saber que todo lo que yo quiera lo puedo lograr.
A tí te debo el haber descubierto una parte de mí que no conocía y que es expansiva y obstinada.
Por eso no te puedo odiar, porque te debo muchas cosas maravillosas.
Pero sí te puedo decir que todo eso te lo debo porque todo lo descubrí a través de la crisis más intensa que he tenido a nivel profesional, afectivo, familiar, lingüístico, personal y financiero en el año y tres meses más intensos de mi vida. Y todo es resultado de la falta de atención que prestaste a mis problemas, a mis logros y a mis batallas cotidianas. A la falta de comprensión ante mis pequeñas (o grandes) tristezas o frustraciones. A la falta de generosidad que te caracterizó y que impidió que entendieras que una relación de pareja se hace entre dos y de a poquitos cada día.
A través de este año y 2 meses que me separan del triste adiós que me permitió sentir que podría volar otra vez, y que te reveló dura y fríamente todos los errores que habías cometido en nuestra relación, justo cuando estoy alcanzando horizontes que nunca pensé alcanzar, justo ahora que comienzo a sentir que florezco otra vez, algo en mí se remueve.
Es que me toca volver a tu tierra.
Me toca terminar el ciclo de lo que se relaciona con nuestros adiós, el emocional, el físico y el legal.
Me toca ver a tus padres llenos de recriminaciones y odios hacia mí por tu muerte injusta y mi inicua actitud, según ellos.
Me toca volver a enfrentarme a todo lo que una vez significó una enorme tierra de cosas lindas y luego se convirtió en una jaula gris de ausencia y melancolía que pintaba de reveses cada ladrillo y cada baldosa que yo posara o tocara.
Me has dejado a merced de mis recuerdos en tu tierra para resolver un asunto que no nos compete más sino que me pertenece a mí.
Sé que sin todo lo que me forzaste a vivir entonces, no hubiera podido asumir todo lo que me toca vivir ahora.
Sé que este ciclo, que yo intuyo grande, será más grande de lo que me imagino.
Sé que no te odio pero tampoco resultas una presencia neutra en mi vida.
Me he arrancado palabras que me recuerdan eventos, canciones que me recuerdan sitios, gestos que me recuerdan personas, comentarios que me recuerdan emociones.
He hurgado en mí y, poco a poco, he hecho absolutamente todo lo que me dije allá, en tu tierra, que "algún día" podría hacer.
He aprendido a vivir con la presencia constante de cositas que me recuerdan algo de tí, de nosotros, de tus gestos y palabras y de mis ires y venires por aquel país tan plano.
He aprendido a no dejar entrar en mi vida a quien no me interesa que entre.
He aprendido a entender y perdonar. Me falta mucho pero sé la capacidad vive en mí.
He aprendido a abrazar y apreciar muchas pequeñas cosas de la cotidianidad.
Así que hoy no te escribo para agradecerte, sino para decirte que las gracias que te debo van acompañadas de un poco de dolor y molestia porque fuiste tan bueno como malo, tan sincero como mentiroso, tan interesado como dado y tan divino como humano.
Me debo un perdón eterno para tí y para mí y una seria revisión de mis intereses y valores porque hasta me has arrancado palabras de la lengua y risas de la cotidianidad.
Me enfrento a esta amarga vuelta del camino desde meses antes de llegado el momento. como entonces, ya mis emociones se revuelven. Como entonces, mi obstinación se exacerba y mi calma disminuye. Me toca, nuevamente, respirar profundo, mirar dentro de mí y entender que si observo desde afuera el problema, seguramente me llegarán todas las respuestas.
Mientras? sigo pensando que te debo y me debo un perdón eterno por errores que cometimos...
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