Caracas con neblina y lluvia.
De normal, no pasa de ser un "clima lluvioso". Yo, esos "climas lluviosos" los veo de cierta forma, una forma muy personal.
Se me desatan "ataques de ansiedad".
Cuando eso pasa, tengo miedo a muchas cosas: a la inercia y la pereza, a quedarme dormida y que s eme pase la hora de salir de la cama para ir al trabajo, a perder el día holgazaneando si no tengo que ir al trabajo, a mojarme mucho si tengo que salir...
... pero, a lo que más le tengo miedo, es a mis propios recuerdos.
Temo sentarme a llorar ante la ventana cuando, de golpe, vienen a mi mente las sensaciones, las emociones, los recuerdos, de una semana entera sin mucho más que hacer que ir a clases en un sempiterno gris por telón de fondo.
Temo sentir el frío de esos días de invierno cuando todo era gris en la mañana y negro en la tarde... hasta la mañana siguiente.
Temo quedarme sola en casa porque me siento exactamente igual de triste y abandonada que cuando estaba sola en casa en aquella lejana tierra.
Temo perderme en la contemplación de una lluvia suave porque siento que podría invadirme la misma clase de melancolía blanca que todo lo cubría y me hacía desear, únicamente, darme por vencida de golpe ante el más nimio esfuerzo que estuviera haciendo por tratar de sobrellevar la agonía de sobrevivir a otro día de grises.
Temo a la lluvia que se cuela levemente por paredes o grietas y se abre paso por la casa porque siento que así de inicuamente podría desbordar algún área y me obligara a trapear para recoger ese agua fría en un balde que luego vaciaría en otro lado... odio vaciar baldes llenos de agua de lluvia.
Temo quedarme quietita, durmiendo, sin hacer nada.
Temo sentir la sensación de que puedo sentir, al menor roce con la realidad de un clima lluvioso, los primeros indicios de todo lo que más temo en esos casos...
Y, como al que no quiere uno le dan dos, a mí ahora me toca en versión redoblada.
Alguna vez dije que para Europa no volvería sino de paseo. Y me afirmé que para ese país no volvería nunca jamás. Ahora me toca ir. Y no precisamente de paseo: me toca ir a estudiar y a resolver algunos asuntos legales que siguen en pie. Y sí, me toca ir a ese país donde me aseguré a mi misma que no volvería jamás... no todo el viaje, pero sí una parte.
Voy, como dice alguien que bien me quiere, "a cerrar un ciclo". Que ese es mi principal objetivo. Y lo haré. Creo que me hará mucho bien.
En algún lado de mi corazón sospechaba, casi lo podía asegurar, que me tendría que enfrentar al hecho de ver otra vez, por un caprichito de lo más fortuito del destino, a los seres que siguen acusándome de algo que no cometí. Que no podía cometerlo ningún ser humano a 8.064 kms de distancia...
... homicidio. Emotivo, pero homicidio al fin. Incomprobable eso de "homicidio por la pura tristeza".
Ahora bien, sabiendo yo como son las cosas, sabiendo que las corazonadas mías son casi hechos, sabiendo que con anularlo en pesnamientos me hubiera bastado, ha querido mi agria suerte que hoy me preguntara el abogado la fecha de llegada "para lograr concertar una reunión a la que asistan ambas partes y todos juntos...."
En plena primavera lluviosa, con temperaturas entre los 4 y los 10 grados, con sensación térmica de 3 a 4 grados menos de lo que marca el termómetro, con un gris de telón de fondo y una sempiterna, cansona, fría e insidiosa lluvia persistente, me toca ver a mis ausentes, imperturbables, casi siempre distantes y fríos acusadores.
Tengo un ataque de ansiedad y un dolor en el tobillo, como siempre que hace frío y hay neblina en Caracas, porque se me abren las viejas heridas, las físicas y las emocionales...
... y no me da la gana disimularlas hoy, a casi vísperas del encuentro conmigo misma, en mi hoy y en el ayer que pienso cerrar.
Hoy, la que llueve soy yo.
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29 de marzo de 2007
24 de febrero de 2007
Oración para dormir

Te amo brujita, te amo brujita, te amo brujita.
Y lo repito sin cesar, para conjurar los malos sueños y mi soledad.
Te amo brujita, te amo brujita, te amo brujita.
Y lo repito a modo de oración para que llene el silencio de la habitación.
Te amo brujita, te amo brujita, te amo brujita.
Y no me canso de repetirlo, esperando invocarte con mi oración
Te amo, brujita.
Te amo, mi vida.
Te quiero, mi amor.
Te amo, brujita.
Te amo, brujita.
Te amo, brujita.
Te amo...
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21 de febrero de 2007
Aquí y ahora soy.
Cuentan que cuentan que la vida es algo tuerta. Pienso que la vida es como un paisaje esculpido, tallado, decorado, en la tierra de nuestros años.
Me imagino la vida como un hermoso paisaje que tiene cascadas, valles y montañas, planicies y colinas. Cada una es una vivencia intensa de las muchas que pueden existir en una sola vida. Y, al igual que si lo hiciéramos con un paisaje, de quitarle algún elemento, seguramente sería menos hermosa, menos digna de un extasis contemplativo.
Ahorita mismo miro mi vida. En silencio, en calma, distante de muchas cosas ya pasadas, logro sentir la maravilla de estar a solas conmigo y disfrutar de toda la riqueza y la sabiduría que se esconde en mi ser. Y no me arrepiento de nada de lo que me ha tocado en dicha vivir.
Me admiro de saber que esto que he logrado ver, de lo que he vivido, es sólo un pedacito de todas las maravillas que se esconden en tantos y tantos seres que me rodean, que comparten conmigo este planeta, que siguen el paso del sol y la luna en el cielo como lo hago yo.
De repente me siento una con el mundo y logro entender lo que puede ser un atisbo de la iluminación.
Y sé que mi vida ya ha sido vivida, en otro tiempo, en otro sitio. Que mis pasos ya han sido andados y han sido superados. Pero fue la vida de otros seres que me precedieron. Ahora me toca a mí sentirlo, experimentarlo.
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15 de febrero de 2007
Carta número 3
No puedo odiarte, lo sabes. Pero has revuelto mi vida y la has seccionado en dos partes perfectamente visibles. Así que todo lo que vive en mí por tí, y lo que existió, también lo has separado por esa línea indeleble, trazada con un pulso firme.
A tí te debo el saber hasta qué punto puedo ceder en mis aspiraciones y hasta que punto debo negarme a dejar que mis aspiraciones no sean tomadas en cuenta.
A tí te debo el saber hasta qué punto puedo dejar que me maltraten y hasta que punto debo evitar ser maltratada.
A tí te debo el saber qué cantidad de terquera habita en mí.
A tí te debo el saber qué cantidad de ternura y amor guardo.
A tí te debo el saber qué cantidad de espíritu de martir tengo escondida en mis fibras.
A tí te debo el saber cuál es el límite de mi autocompasión y el inicio de su erradicación.
A tí te debo el saber hasta qué punto llega mi capacidad de entrega y compromiso en una relación.
A tí te debo el saber qué hacer y cómo no actuar con un hombre al que creo que podría amar o al que simplemente aprecio.
A tí te debo el saber todo lo bueno que me compone.
A tí te debo el saber que todo lo que yo quiera lo puedo lograr.
A tí te debo el haber descubierto una parte de mí que no conocía y que es expansiva y obstinada.
Por eso no te puedo odiar, porque te debo muchas cosas maravillosas.
Pero sí te puedo decir que todo eso te lo debo porque todo lo descubrí a través de la crisis más intensa que he tenido a nivel profesional, afectivo, familiar, lingüístico, personal y financiero en el año y tres meses más intensos de mi vida. Y todo es resultado de la falta de atención que prestaste a mis problemas, a mis logros y a mis batallas cotidianas. A la falta de comprensión ante mis pequeñas (o grandes) tristezas o frustraciones. A la falta de generosidad que te caracterizó y que impidió que entendieras que una relación de pareja se hace entre dos y de a poquitos cada día.
A través de este año y 2 meses que me separan del triste adiós que me permitió sentir que podría volar otra vez, y que te reveló dura y fríamente todos los errores que habías cometido en nuestra relación, justo cuando estoy alcanzando horizontes que nunca pensé alcanzar, justo ahora que comienzo a sentir que florezco otra vez, algo en mí se remueve.
Es que me toca volver a tu tierra.
Me toca terminar el ciclo de lo que se relaciona con nuestros adiós, el emocional, el físico y el legal.
Me toca ver a tus padres llenos de recriminaciones y odios hacia mí por tu muerte injusta y mi inicua actitud, según ellos.
Me toca volver a enfrentarme a todo lo que una vez significó una enorme tierra de cosas lindas y luego se convirtió en una jaula gris de ausencia y melancolía que pintaba de reveses cada ladrillo y cada baldosa que yo posara o tocara.
Me has dejado a merced de mis recuerdos en tu tierra para resolver un asunto que no nos compete más sino que me pertenece a mí.
Sé que sin todo lo que me forzaste a vivir entonces, no hubiera podido asumir todo lo que me toca vivir ahora.
Sé que este ciclo, que yo intuyo grande, será más grande de lo que me imagino.
Sé que no te odio pero tampoco resultas una presencia neutra en mi vida.
Me he arrancado palabras que me recuerdan eventos, canciones que me recuerdan sitios, gestos que me recuerdan personas, comentarios que me recuerdan emociones.
He hurgado en mí y, poco a poco, he hecho absolutamente todo lo que me dije allá, en tu tierra, que "algún día" podría hacer.
He aprendido a vivir con la presencia constante de cositas que me recuerdan algo de tí, de nosotros, de tus gestos y palabras y de mis ires y venires por aquel país tan plano.
He aprendido a no dejar entrar en mi vida a quien no me interesa que entre.
He aprendido a entender y perdonar. Me falta mucho pero sé la capacidad vive en mí.
He aprendido a abrazar y apreciar muchas pequeñas cosas de la cotidianidad.
Así que hoy no te escribo para agradecerte, sino para decirte que las gracias que te debo van acompañadas de un poco de dolor y molestia porque fuiste tan bueno como malo, tan sincero como mentiroso, tan interesado como dado y tan divino como humano.
Me debo un perdón eterno para tí y para mí y una seria revisión de mis intereses y valores porque hasta me has arrancado palabras de la lengua y risas de la cotidianidad.
Me enfrento a esta amarga vuelta del camino desde meses antes de llegado el momento. como entonces, ya mis emociones se revuelven. Como entonces, mi obstinación se exacerba y mi calma disminuye. Me toca, nuevamente, respirar profundo, mirar dentro de mí y entender que si observo desde afuera el problema, seguramente me llegarán todas las respuestas.
Mientras? sigo pensando que te debo y me debo un perdón eterno por errores que cometimos...
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