Se llama Vicente y vive arriba, en el ático.
Su abuela vive abajo, en el sótano y su hermana arriba, en el medio.
De las telarañas que pendían de su cabeza, sacó la idea de que podía imitarlas y por las paredes caminar.
Bajó a hablar con su abuela. Se amarró una cuerda en la cintura que luego se enrolló y, como un yoyo, se dejó caer hasta el sótano.
Sobrevivió a la peripecia y le contó a su abuela. Ella le dijo que podía llegar a ser más, mucho más, que probara a soñar con más.
Así, Vicente se regresó a su cuarto y se sentó a ver por la ventana. Allí vió a los pájaros cantores.
Como ellos, pensó, podría cantar. Y entre acordes y tamborileos, se sentó a ensayar palabras y frases entonadas. Luego escribió canciones y las cantaba.
A mediodos del otoño, sintió que entendía perfectamente a los pájaros que anhelaban irse para finales de la estación. Vicente había oido conversaciones entre pájaros desde la primavera y entendía de sus planes y rutas de vuelo.
Un buen día, el pájaro más anciano nombró al que sería el lider de la bandada y emprendieron vuelo. Vicente los siguió...
...y al saltar de la ventana se acordó de que alguna vez fue araña pero nunca pájaro y sus alas desaparecieron y cayó a tierra.
Si tan sólo Vicente hubiera seguido creyéndose pájaro...
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6 de julio de 2007
21 de febrero de 2007
Aquí y ahora soy.
Cuentan que cuentan que la vida es algo tuerta. Pienso que la vida es como un paisaje esculpido, tallado, decorado, en la tierra de nuestros años.
Me imagino la vida como un hermoso paisaje que tiene cascadas, valles y montañas, planicies y colinas. Cada una es una vivencia intensa de las muchas que pueden existir en una sola vida. Y, al igual que si lo hiciéramos con un paisaje, de quitarle algún elemento, seguramente sería menos hermosa, menos digna de un extasis contemplativo.
Ahorita mismo miro mi vida. En silencio, en calma, distante de muchas cosas ya pasadas, logro sentir la maravilla de estar a solas conmigo y disfrutar de toda la riqueza y la sabiduría que se esconde en mi ser. Y no me arrepiento de nada de lo que me ha tocado en dicha vivir.
Me admiro de saber que esto que he logrado ver, de lo que he vivido, es sólo un pedacito de todas las maravillas que se esconden en tantos y tantos seres que me rodean, que comparten conmigo este planeta, que siguen el paso del sol y la luna en el cielo como lo hago yo.
De repente me siento una con el mundo y logro entender lo que puede ser un atisbo de la iluminación.
Y sé que mi vida ya ha sido vivida, en otro tiempo, en otro sitio. Que mis pasos ya han sido andados y han sido superados. Pero fue la vida de otros seres que me precedieron. Ahora me toca a mí sentirlo, experimentarlo.
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