16 de diciembre de 2007
Amantes... contradictorias
-La gente coquetea con la vida, ¿no? Pero, ¿y si la muerte no fuera más que una amante celosa que, al vernos coquetear con la vida, de puros celos, nos manda un porrazo por la cabeza y nos llevara con ella? ¿No te parece?
-... (Ojos abiertos, mirada fija, sonrisa amplia)
- No sé, se me ocurre pensar eso...
- ... Visto así, podría ser...
23 de octubre de 2007
Lluvia
Llueve sobre mojado. Ayer llovió un manantial. La tierra seca lo agradece. Hoy, llovió un galón. La tierra, aún mojada, lo agradece. Muchas plantas que van a nacer lo necesitan, muchas calles sucias se han lavado, muchas tristezas se han ido, muchos caminos se han esclarecido tras aplacar el polvo con el agua que ha caido del cielo. La lluvia tiene, para mí, un significado asociado con lo más visible de ella y con lo más místico que la rodea. Limpia y lava, aplaca y calma. Es el momento para reflexionar.
Gota a gota empiezo a pintar un nuevo mundo para mí...
Libros
Grandes montones de papeles. Libros. Se apiñan en las mesas, se organizan en los estantes, se desperdigan en la mente. Muchos libros, algunos inaccesibles. Otros, simplemente inalcanzables. Tomos de saber. Innegables y vetustos. Modernos y contundentes. Asociados o desconectados. Libros. Cinco pisos de ellos. Me dicen que es una de las bibliotecas más grandes del mundo. La más grande antes de la de Alejandría. Filosofía, ingeniería, sociología, historia, psicología, matemáticas y cálculo, ciencias puras y no tan impuras coexisten en este galpón vasto donde el saber se organiza, se clasifica, se agrupa, se remite, se explora, se debate, se anula y se recrea en silencio....
Shhhh... Estamos en la biblioteca, hay que hacer silencio. ¿Será acaso para que nadie se dé cuenta de que el saber no está únicamente en los libros sino también en la cotidianidad bullente, trepidante, radiada y deslizante que corre en las bicicletas que transitan por las adoquinadas calles que rodean este “templo del saber”?
Shhh... Creo que algunos de los estudiantes más hábiles no lo saben, pero otros sí, dejémoslos que comparen sus descubrimientos con los únicos que no saben que afuera hay más lecciones que podrían dejarlos inutilizados: los libros.
22 de octubre de 2007
La rosa-madre
Ayer la ví, con su cara de rosa blanca, fresca, clara, linda. Esa tristeza en sus ojitos me habló. La han maltratado, ayer me lo confesó. Su relación conmigo es muy tímida y ella no es muy abierta a hablar conmigo de nada sobre “eso”. “eso” se refiere a un hombre que la dejó, enamorada, por otra. Y la dejó esperando un bebé de él. Y la dejó diciéndole que él estaba seguro de que no la amaba a ella sino a la otra chica.
Ella, que tan dichosa se sentía por tene rese bebé que era no sólo de ella sino de él, se sintió perdida. Y se ha perdido varias veces. Primero se creyó culpable del fin de la relación. Luego culpó al bebé. finalmente, a la otra. Nunca a él. Nunca. No todavía...
“Este momento es para tí, tienes la capacidad de seguir adelante y ahora, después de un tiempo de que todo pasara, estás en un momento para tí. Eres como un rosal después de la poda. Estás hecha palitos y raices, no te quedó nada... en el exterior. Pero por dentro tienes toda la energía para producir las más bellas rosas... quiero verlas!”
Ella, como las rosas blancas, tímidamente sonrió. Entonces supe que estaría bien.
1 de octubre de 2007
La rosa sin alma.
Rubia, como son los campos de trigo. Con una cara de niña buena. Oirle decir todo lo que contaba parecía increible. Resultaba todavía más atroz, más cruel, su historia personal cuando le veías esa frescura de los 25 todavía en la cara. Si mirabas a los ojos en medio de la densa nube de humo veías que se trataba de una mujer mucho mayor. Ella decía que ella era como la rosa: llena de espinas para defenderse de sus atacantes. Los pétalos, eso es seguro, le cubrían el rostro. Todavía no terminaba de florecer y le habían rociado gasolina alrededor del rosal.
Trabajaba yo por la época en una revista. Tenía una columna y quería proponerle a mi jefe una serie de reportajes sobre el abuso en la pareja. De ambos lados, de hombres y mujeres que se sentían abusados o que habían sido víctimas de abusos. Antes, claro, tenía que ver cómo orientar la temática. Decidí que, para darme ideas, debía consultar con los conocedores de la materia. Luego, salí a la calle: me parecía tan interesante el abuso físico como el psicológico y el patron sádico de las víctimas de ambos tipos de abusos. Decidí que sólo el contacto con los verdaderos implicados me daría más luces sobre el tema. Fue así como al encontré a ella. Bueno, no exactamente, a ella la encontré en medio de mi camino, como si ella viniera a mí más que yo a ella.
Y sí. Estaba sentada en el café aquella tarde, pensando en visitar un centro de reclusas... celos, homicidios, dealers, amor y pasiones, todo se mezcla en esos sitios de maneras tan alucinantes que la moral se vuelve elástica como el chicle. Y allí llegó ella. Pasó al lado de mi mesa, se sentó en otra diagonal a mí, frente a mí. Me observaba con su cigarrillo en la mano, humeando, y no me observaba a la vez. Era un asunto incómodo para mí y no me atrevía a hablarle porque parecía menos deprimida que agresiva. Recogió su cartera y fue a sentarse en mi mesa, justo frente a mí. Apoyó sus codos en la mesa y echaba humo como un dragón mientras me hablaba con su voz grave "¿Tienes contacto con algún ente poderoso de la sociedad? ¿Te puedo contar mi historia? ¿Me puedes hacer famosa? Quiero ser famosa alguna vez en mi vida... ¿Sabes?"
A los 24 terminó su carrera universitaria. Niña de buenos modales, de familia venezolana promedio, de buenos principios, con un solo novio conocido por su familia. Tres más en el pasado, 2 de ellos de dudosa reputación, pero uno solo conocido por su familia. Su madre le había dicho que él era un poco autoritario pero ella le insistía que no. El le propuso matrimonio y ella aceptó. El partió al extranjero por razones laborales. Ella lo siguió. Fue allí donde comenzó su desventura...
Europeo desde la cuna, criado entre invierno y primavera, en una tierra donde el verano dura poco, ella se vió enfrentada violentamente ala rigidez de los cambios estacionarios, el idioma que desconocía, los roles de nueva esposa, la familia política, la ausencia de amigos, la falta de trabajo, la ausencia de la familia y el cambio de tradiciones culinarias. El hizo el mínimo posible en todo el sentido de la palabra: el mínimo posible de atención, el mínimo posible de demostraciones afectuosas, el mínimo posible de consideraciones, el mínimo posible por ayudarla en sus trámites de inmigración y búsqueda de empleo.
A ella le pareció lógico que él le dijera que tenía que adaptarse. La extranjera en ese país era ella, no él. Así que aceptó la falta de calefacción en los cuartos, pensando que eso era lo normal. Aceptó que calentar la ropa antes de dormir podía producir un incendio así que cada noche, una hora antes de ir a dormir, la bajaba a la sala para que se deshumidificara y ganara algo de calor antes de ponérsela, hacía las compras antes de que él llegara para hacer la cena y comer juntos, tomaba una ducha en un baño que tenía apenas 5 grados por encima de la temperatura exterior y se tomaba sus vitaminas para evitar enfermarse nuevamente de gripe... Luego de cenar él fregaba y se veía a ve rla tele y ella ordenaba todo antes de irse a la computadora a buscar trabajo en un idioma que no entendía.
Violencia psicológica... pero de otra forma. El ignorarla totalmente hizoq ue ella creyera que, en realidad, ell ano era ni especial ni relevante, que eso era lo normal y su vida no era meritoria de un poquito de ternura. Lloraba antes de dormir, dormía pensando que él amanecía muerto y a ella la acusaban de homicida y pasaba el día aprendiendo el idioma, lavando ropa y cocinando.
Un día pensó que la muerte por arrollamiento de un tren debía ser algo dantesco. Y decidió que no tenía por qué pensar en eso, que ella bien podía regresarse a su país y darse un tiempo para descansar, para reevaluar lo de ellos, para ver si ella estaba dando demasiado de sí o si era algo normal y ella no tenía suficiente energía para todo...
Nunca volvió. El la hizo decidir si quedarse para siempre jamás o si partir para nunca volver. En 48 horas. A las 12 horas de llanto ininterrumpido, le pidió que la dejara ir. La angustia le consumío el cuerpo y perdió 8 kilos en 3 semanas... las 3 semanas antes de decirle que quería ir a su país natal a pensar un poco en ellso como pareja y su deficiente desempeño en el proceso de adaptación.
Ahora me lo contaba todo en medio de un tratamiento psicológico, "sin fármacos, no? No me gustan las pastillas para adornar mi vida... me gusta verle los colores fluorescentes y los grises también." Era la misma de antes a nivel físico. Era unos 10 años mayor en la mirada. "Mi alma no está conmigo, sabes? No sé dónde está. Siempre ando un poco triste, aunque sé que aquí es mi casa, tengo un trabajo, mi familia, mis amigos, nuevos amigos y me disfruto todo, tantas cosas... pero es como si por dentro me quedó un hueco que no logro llenar... sabes? Y ese hueco, creo yo, lo lalmo así, es mi alma."
Era una rosa sin alma que lloraba a ratos y se defendía sin ser agredida...
28 de septiembre de 2007
Gárgolas
Son gárgolas para mirar, para admirar, para imaginar, para reir, para conmoverse, para aterrarse, para impresionarse, para temer. Su existencia está dada por el simple hecho de que, en la época, no se sabía nada de canalizaciones ocultas en las paredes ni de tubos que bajaran hasta la calzada. Su morfología es un asunto de fe: a la canaleta de los techos se la remataba con un ser de estos para evitar que el edificio fuera víctima de malos espíritus, demonios y descarnados que penaban en el limbo. Donde quiera que eso fuera... allá entre el cielo y la tierra.
Paso en bicicleta y las vuelvo a ver a la luz de los faroles eléctricos. Detallo sus sombras y me las imagino alumbradas con candiles o, mejor aún, antorchas. Las considero, como parte del paisaje, y resultan el único elemento decorativo bonito e importante de esta ciudad tan espartana y vetusta en sus construcciones. Las calles laterales son de piedras, algunas principales también, la bicicleta me cansa y camino mucho mientras otros ciclistas pasan, un poco embriagados por las cervezas y el hastío, gritándose cosas. Las gárgolas siguen allí: Aquella se agarra desesperadamente las mejillas, la otra entorna los ojos al cielo en un gesto de súplica, la de más allá me maldice con sus ojos. El dragón de la esquina resguarda la zona con su boca bien abierta, dispuesto a lanzar fuego en cualquier momento. No llueve, no ventea. Mejor así porque todas lucen sus bocas bien abiertas y pareciera que pudieran dañárseles las cuerdas vocales.
Sigo andando, sola, por vías que no conozco en esta ciudad donde soy otra turista. busco mi camino y no puedo evitar meterme en calles con construcciones importantes donde sé que habrán otras más de estas peculiares criaturas. ¿Será posible que llegue a amarlas?
El trayecto se ha hecho largo, estiro la pierna y de un brinco me monto en la bici. Pedaleo por una calle adoquinada, húmeda e iluminada y me pierdo en la noche que me quita este farol y de la que me protege esa gárgola demoníaca a mis espaldas...
11 de septiembre de 2007
La momia que seré yo
"El hombre -o lo que quedaba de él- surgió de la turba en un pantano irlandés (sic) en el invierno de 2003. Su cabello conservaba el peinado que usó al final de su vida, muy corto atrás y de 20 cm de largo en la parte superior, donde se elevaba en un copete endurecido por resina de pino. Esto era sólo el inicio del misterio." (Karen E. Lange. National Geographic. Septiembre 2007.)
Así comienza este artículo que me puso a pensar en muchas cosas, incluido mi implaneable futuro. "¿Si a mí me encontraran en unos 1600 años qué encontrarían?" Y me he dado cuenta que no hemos cambiado mucho como especie humana. Ese hombre usaba una resina en el pelo, se cuidaba las manos, no tenía casi ropa cuando lo hallaron pero pudo ser de algún alto estrato de la sociedad a la que pertenecía. Murió, según una nueva teoría, por sacrificios rituales para honrar a los dioses. Es el único representante que tenemos de la sociedad a la que perteneció. Fue enterrado en un pantano, un sitio que su sociedad consideraba un portal entre dos mundos.
Seguí pensando en las cosas que descubren los antropólogos, científicos y hasta los vulcanólogos (con el caso de los restos en la extinta Pompeya) y me quedé pensando en lo frívolo que somos los humanos. Lo comentaba con alguien que me dijo "eso es parte de la naturaleza intrínseca del hombre". Y le creo. Somos así desde siempre.
Yo tengo un año y 8 meses en "modo indispensable" y casi todo lo que no fuera ni indispensable ni necesario me parecía frívolo. De un tiempo a esta parte empiezo a retomar ciertas cosas, me doy cuenta de otras y hasta empecé a hacer cosas que antes (hace 3 años) hacía con total normalidad. Estoy reconstruyéndome, ya lo he dicho. empiezo a interesarme por las cosas que me hacen lucir bonita, que me hacen lucir arreglada, que me llenan los sentidos del gusto, del tacto, del olfato o de la vista. Estoy llenándome de frivolidades. La florecita empieza a asomarse aunque el alma todavía no se encuentra acoplada al cuerpo y todavía no llega a su "aquí y ahora".
De todas formas, de ese encuentro con las momias saqué en claro que, de tener 1600 años más, si me hallaran en un grado tal de conservación, seguramente encontrarían:
1) Una piel correosa muy bien presentada (característica de las momias, no porque yo soy yo)
2) Un cabello cortado de manera uniforme (tan largo atrás como adelante)
3) Un peinado hecho a base de químicos de cadena larga, corta y zurcida.
4) Unas uñas arregladas, normal en una venezolana.
Si acaso mis ropas, de marcas variopintas y bastante masificadas, así lo permitiesen, no sacarían nada en claro sobre mi origen o mi estatus en la sociedad.
Y, aún así, sería el único representante de mi sociedad en ese curioso mundo futurista.
¿Hemos cambiado mucho?
La discreta visual de mi gato
La vida se desarrolla a un máximo de 30 cms sobre el piso y todo gira en torno a una pregunta: "¿Qué será eso?".Y buscando cómo responder esa pregunta, uno se convierte en un trepador genial: la curiosidad es más fuerte que la limitación que impongan las piernas.
Una vez que el objeto está frente a los ojos, mientras el cerebro se imagina un uso muchas veces impensado para el limitado cerebro humano, la nariz toma nota de todos los vértices y los ángulos de ese nuevo objeto.
Cuando el examen olfativo se hace insuficiente, se pasa al gusto. La lengua parece una mezcla de regla, cinta de PH y centro del gusto, pues pareciera capaz de medir la extensión del objeto, su grado de acidez y la posibilidad de declararlo delicioso o insignificante.
Cuando se es un minino, uno tiene la facultad de poner en práctica una "sordera selectiva" que facilita el bloqueo de los sonidos no gratos o que resulten irrelevantes (como el "NO" firme del dueño) y la afinación de los que resultan más interesantes, aunque no sean los más gratos, que resultan útiles para investigar y aprender (como una corneta o un sonido metálico)
Pero cuando uno es un gatito, todo, TODO, se circunscribe a la posibilidad de disfrutar de una dosis de caricias, rascaditas, palabras en un tono amoroso y un masaje en la espalda y la barriga. Nada más por eso, cuando uno es un gatito, puede uno quedarse sólo y no aburrirse pero no hay peor castigo que la indiferencia y el ser privado de las caricias para las que uno nació y se sabe merecedor.
¿Será por eso que su descaro enamora?
3 de septiembre de 2007
La cauchera de Kristof
El caso es que hoy, en una de esas visitas que hace de rutina la gente que tiene carros a lo que en mi tierra se conoce como cauchera, me acordé de Kristof y su cauchera.
Kristof es un personaje de apariencia a lo John Wayne con Roy Rogers, un tipo de modos tranquilos, medidos, de rostro magro (no enjuto) y, aunque canoso, no se ve avejentado. Las manos de Kristof nunca desmintieron de su profesión y su sencillez dejaban ver siempre lo transparente que era, aunque yo no entendiera ni papa de lo que dijera en su dialecto natal.
Tenía Kristof una cauchera que había montado su padre. Su madre, una señora ya anciana, se ocupó del negocio por años y fue el hijo quien tomó las riendas del negocio. Su madre, según me contara alguien alguna vez, era también alguien de temer en lo de cambiar cauchos: solita le daba a la llave para aflojar los pernos, subía con el gato el carro o camioneta y se dedicaba a desmontar el caucho, aflojarlo del rin, medirlo, arreglarle lo que tuviera, montarlo otra vez en el rin para proceder a inflarlo y luego volver a montarlo en el carro.
Ese era el mismo trabajo de Kristof. A mí me encantaba verlo trabajar porque él tenía un ritmo muy claramente definido para todo en su taller y todo funcionaba como en un ritual. Los rituales, no es novedad, calman todas las fieras, incluidos los bebés. A mí me relajaba muchísimo ir a visitarlo. Era casi como estar en contacto conmigo misma... ¿será porque me alejaba de mis atormentados pensamientos?
Recuerdo que Kristof, en ropa impecable, saludaba al cliente y procedía a preguntarle la razón de la visita a su pequeñisimo taller... donde no cabían sino cuatro carros afuera del taller, uno al lado del otro y dos detrás de los dos primeros. Con mucha precisión ponía la llave de cruz en posición y con firmeza, pero sin brusquedad, aflojaba las tuercas del caucho una a una. Luego traía su gato hidraúlico y, mientras continuaba la charla que inició con el "Goeie dag" y que sólo interrumpía cada vez que iba a buscar una herramienta unos 5 metros más allá, procedía a levantar con golpes rítmicos del pie el carro que tenía ante sí. Luego terminaba de aflojar el caucho y lo sacaba con ambas manos (nunca lo dejaba car al piso). Lo llevaba a una máquina que le servía como banqueta de examinación del caucho en posición horizontal y como "doctor" de cauchos si le apretaba un botón. Por lo general hacía una inspección visual del caucho, girándolo en ese torno, y luego le daba al botón verde para iniciar el escaneado computarizado del caucho. Entonces la máquina ponía a funcionar un rotor y el caucho giraba bastante rápidamente. Kristof se ocupaba de ver en una pantallita qué le pasaba al caucho. A veces no veía la pantalla, sólo veía al rotor y acercaba una oreja. Parecía que con eso le bastaba para saber qué le pasaba al caucho.
De repente, tras un período de tiempo que sólo él estimaba, le daba a un botón rojo que tení ala máquina y el rotor comenzaba a desacelerar rápidamente. Kristof procedía a despegar el caucho del rin sacándole el aire primero, le ponía una serie de plaquitas de metal de diferente tamaño y grosor en el borde interior, a donde va unido con el rin. Nunca supe exactamente para qué eran, yo siempre supuse que esas pestañitas d emetal eran para balancear el peso y ajustar el desgaste del caucho. Luego procedía a volvía a ajustar en posición el caucho, lo inflaba a la presión adecuada y lo volvía a montar con un procedimiento inverso al que yo explicaba la principio.
Esto lo hacía con un mínimo de 2 cauchos por carro. A veces lo hacía a todos, incluido el de repuesto. Y todavía le daba tiempo para responder a mis preguntas en mi incipientísimo holandés o, mejor aún, mi muy fluido francés. A él le encantaba hablarme en francés y a veces paraba un poco su trabajo: tenía muy pocos clientes con los que podía practicar la lengua que más hablaba con su papá y le costaba a veces encontrar sus palabras para explicarme todo. Su hija estudiaba mecánica automotriz y él decía que yo me parecía un poco a ella por lo preguntona, que a él le parecía genial que una mujer estudiara mecánica automotriz porque eso era síntoma de avances en la sociedad, la mujer no tenía por qué tragarse sus preguntas y limitarse a lo que sabía. Que si así debiera ser para los hombres porque la sociedad fuera feminista, él se sentiría muy a menos, por ser hombre. Sus ojos brillaban y se sonreía cuando veía, por mi sonrisa y mi gesto que yo había entendido perfectamente lo que él me quería decir en su algo oxidado francés. Luego él retomaba su trabajo con una sonrisa, un poquito más aprisa porque se había detenido un par de veces a hablarme de algo más largo que el saludo que prodigaba a sus paisanos.
Hoy me tocó ir a una cauchera a sacarle un tornillo que se le había incrustado al caucho posterior de mi carrito. La comparación con la cauchera de Kristof es imposible. Innecesaria. Impertinente. Desde el atuendo hasta la manera de saludar, pasando por la diligencia con la que me atendieron y el oscuro procedimiento que le hicieron a mi caucho (que nunca me aclararon aunque pregunté 2 veces, supongo que porque soy mujer...), nada, nada podía alejarme de la mente a Kristof...
Aunque pagué por la reparación del caucho, el viaje a Bélgica, a Ingelmunster, al taller de Kristof, no tuvo ningún tipo de incidencia en mi presupuesto. Me salió gratis. Y, de paso, me sonreí aaaamplio. Una sonrisa así, nunca tiene precio.
2 de septiembre de 2007
Disculpe la molestia, estamos trabajando para usted
Tengo un mes en casa nueva y sin internet. En el trabajo tengo acceso limitado a la internet pero las musas se ausentan mucho ante las restricciones que tengo. Ergo, no escribo ni mucho ni poco. No escribo, punto.
Tengo un mes más sin equipo de sonido. Desde que empezó el proceso de mudanza, el equipito de sonido que teníamos se murió y sólo nos dejó la radio. Antes había perdido el del carrito cuando se me cayó al piso la parte frontal y ahora no me deje oir sino el disco que tiene adentro y que no saca, al volumen que quiere y en las pistas que le provoque, las veces que quiera ponerlas. Sobrevivo, musicalmente hablando, gracias al regalo mi buena amiga S. Así las cosas, harta ya de oir la radio, he decidido invertir algo de dinero en un equipo de sonido nuevo, pronto, espero... cuando ahorre algún dinero.
Tengo casi 2 días con teléfono. Estuve más de 15 días sin teléfono fijo, por lo que ni la opción de consultar la instalación de internet podía. Ahora vamos para mejor...
Tengo casi mes y medio en ires y venires médicos por diversas causas. Lo mejor hasta el momento es mi terapeuta.
Tengo la casa menos patas arriba y más patas abajo... si se quiere poner de algún modo.
Tengo gato nuevo, de 4 meses... y una nueva sensación en mis noches: despertares súbitos para desembarazarme de un gato comodón.
Tengo nuevas decisiones en mi cotidianidad y mi futuro...
Tengo un período plástico expresivo desde hace más de 3 semanas... y no me aburro ni me canso.
Tengo la sensación de que estoy en uno de esos "puntos de quiebre" tan comunes en mi agitadísima vida.
Por todo ello pido excusas a mis fieles seguidores: no he podido corresponderles con todas mis atenciones. Pero pronto, prontito, volveré a retomar la escritura. Aunque sólo sea a través de una conexión semanal a la internet.
31 de agosto de 2007
Diario de experimentos. Fórmulas químicas
Eso después de consultarlo con mi balanza, los tubos de ensayo y la gradilla. A ver si descubro más cosas más adelante. Por lo pronto me voy a dormir, me pasé la tarde de hoy y el día de ayer en el laboratorio... tengo sueñito.
23 de agosto de 2007
Carta sin respuesta
Aquí estoy, pensando en aquel febrero gris y en el mayo de dicha febril. Aquí estoy, con un peludo curioso, de ojos arena y miel (como los tuyos), que me invade la cama y de noche se acuesta junto a mí. Me quedo pensando si no será que tú te metiste un poco en él para tenerme más cerca de tí.
Acá estoy, mi niñito, en pleno agosto. Vestida con hojitas diminutas, las que te emocionaban, como preludio a una primavera que ya se nos hizo invierno. Con un saquito de maullidos que me persigue, recordándome de tí.
13 de agosto de 2007
Somos "reaccionarios"
Reaccionario, según el diccionario de la RAE es:
1. adj. Que propende a restablecer lo abolido. U. t. c. s.
2. adj. Opuesto a las innovaciones.
3. adj. Perteneciente o relativo a la reacción (tendencia tradicionalista).
Para la definición de "reacción", sólo valen la 3ra y 4ta acepción para el contexto político al que me refiero.
Para el PPT (o por lo menos este miembro del partido y la coordinadora de la célula regional a la que él pertenece) "reaccionario" significa "que reaccionamos rápido ante los cambios".
¿Será que la revolución se ha propuesto también "revolucionar" la gramática de la lengua española?
* sorprende que la página de un partido político de izquierda parezca la página web de un cantante venezolano de música protesta de los años 70. Sorprende más aún que se digan "antiyanquis" y el video que seleccionaron sea subtitulado en inglés. Como si acaso les importaran las opiniones de la gente "del imperio".
27 de julio de 2007
Te necesito
y sopla entre mis recuerdos?
Sí ya sé que no eres libre.
Sí ya sé que yo no debo retenerte en mi memoria.
Así es como yo contemplo.
Mi tormenta de tormento, así es como yo te quiero
Te necesito como a la luz del sol,
en este invierno frío pa' darme tu calor,
Te necesito como a la luz del sol,
tus ojos el abismo donde muere mi razón”
Estamos en invierno. En pleno invierno, por si acaso no te has dado cuenta. Y desde que te fuiste, para mí es una noche infinita que no aclara.
Sé que mi juventud no me permite entender lo que siento. Me cuesta explicártelo. Me cuesta explicármelo a mí misma. Sólo sé que si tu estuvieras aquí, las cosas serían mejores para mí. Serías como es para todos el sol en el invierno: la promesa de una esperanza, la certeza de un después... Para mí, ya te lo dije, el sol en este invierno no sale.
25 de julio de 2007
Cosas que hacía y ya no hago
- Saltar a la cuerda.
- Comer caramelos o galletas a escondidas.
- Vestirme con vestidos cortos y pantaletas combinadas.
- Llorar ante la inminente visita al doctor.
- Pelear con otro por un juguete.
- Jugar con muñecas.
- Conducir carritos a control remoto.
- Correr detrás de otro para divertirme.
- Tener pavor al dentista.
- Ducharme hasta que los deditos de pies y manos se me arrugaran.
- Prender y apagar la luz para ver si podía predecir el instante preciso en que la luz iluminaba el bombillo (siempre decía “ya” cuando la luz brillaba en todo su esplendor o en la más oscura de las sombras).
- Comer a juro, aunque la comida no me gustara.
- Ir a dormir, aunque quisiera estar más tiempo despierta.
- Ver insectos fluorescentes que me perseguían sólo a mí.
- Pintar con creyones cualquier cosa que me provocara en una hoja blanca.
- Leer un libro sin saber leer.
- Pensar que todo el mundo en todo el mundo vivía como mi familia y yo, sólo que se vestían distinto.
- Ponerme unos zapatos rojos, aunque la ropa no me combinara en lo absoluto, sólo porque me gustaban mucho.
- Jugar con miedo con las costricas que se me formaban en los raspones en las rodillas.
- Mirar embelesada a mi papá mientras se afeitaba la cara.
- Mirar con ojos de tesoro las pequeñas cosas que mi abuela guardaba en su lindo secreter.
- Admirar con sorpresa la gaveta de maquillaje que tenía mi mamá.
- Querer crecer rápido para poder saber antes cuán grande iba a ser cuando fuera grande.
- Jugar con los zapatos de mi mamá.
- Recostarme al lado de las cornetas para poder oir la música y sentir el cosquilleo de la membrana de la corneta en mi espalda.
- Hacer una tienda de campaña improvisada en un cuarto.
18 de julio de 2007
Ojos de ayer
En sus sueños se vió volando sobre la tierra y las nubes, sobre los ríos y los mares, sobre los valles y las colinas. Finalmente llegó a una ciudad muy curiosa, hecha de copos de algodón y, aparentemente, a la izquierda de la estrella más brillante de sus noches.
Allí vió a sus familiares, ya caídos. Se dejó llevar por caminos de blancura infinita y radiante belleza. Una calma tan grande la llenó que no quería partir. Y se rehusó aún más cuando se reencontró con su antiguo amor, el único que ella amó, al que juró perseguir a través de las nieblas del tiempo cuando, con su pañuelo bordado, le secaba el rostro sudoroso por el esfuerzo y el miedo de morir dejándola a ella, sóla, tras haber sido herido de muerte por una lanza que cruzó la oscuridad que lo rodeaba en esa guerra que antes le pareció necesaria.
Pero no podría quedarse. Así le decían los más sabios. Y en una mesa redonda decidieron sobre la vida de ella y luego sobre la de él. Cada uno por separado decidió sobre los caminos a seguir para poder aprender más cosas, practicar las lecciones ya aprendidas y descansar placenteramente. Al final, cansada, se fue a dormir y decidió que sería mejor hablar con él tan pronto ambos recobraran fuerzas.
Cuando se despertó, limpió sus ojos a la nueva luz del día y procedió a vestirse. Encontró su jean y su blusa en el sillón donde lo había dejado la noche anterior y se descubrió castaña y con un peinado corto.
Lo único que le había quedado claro era que tenía que buscar esos mismos ojos que antes, mucho tiempo antes, con ternura y tristeza la miraban al partir.
17 de julio de 2007
Ce landau, ese bebé
"Veía ir y venir a una mujer joven con su bebé en un cochecito. Pensaba en ella, en ese bebé, en ese cochecito y en aquel del que ella se escondía..." L.O.
Tarde gris y fría de una primavera inusualmente veraniega en Bruselas. Estaba en la entrada de mi hotel esperando a alguien y en eso la veo venir. Atravesó como una loca toda la "Place du jeu de balle" con el cochecito en las manos y el niño adentro, dando tumbos en ese pedreguyero irregular que son los adoquines de los que están hechas todas las calles de Bruselas, Gante, Amberes, Lovaina, Brujas y la plaza de Mons.
Ella iba firmemente sujeta del cochecito, como si en ello se le fuera la vida. Iba con la cara amarrada y una chaqueta de jeans abierta que tapaba un sueter azul cielo. El niño iba arropadito, impasible e inexpresivo. Quizás habituado ya a los tumbos que daba con las piedras. Quizás acostumbrado ya a la velocidad que su madre le imprimía siempre al cochecito y que lo hacía dar tumbos por culpa de los adoquines.
Bajó por la calle frente a mi hotel luego de hablar brevemente con un hombre. La expresión del rostro me hizo pensar que algo la enojaba. Las palabras, en dialecto, no las entendí nunca porque sólo hablo holandés. Me miraba ese hombre, como si yo supiera algo de la escena. Voltée a ver hacia otra dirección y ví mi reloj.
Quince minutos después la veo subiendo la misma calle que acababa de bajar. Había doblado desde la otra esquina, por lo que no sé qué vuelta había dado pero la dió. Giró otra vez en la esquina donde estuvo hablando con el hombre que me había mirado fijo. Ahora se alejaba de mí y la ví doblar a la izquierda al final de la calle. Volví a ver mi reloj. Todavía no llegaba quien yo esperaba.
Veinte minutos después la ví llegar por la misma calle por la que la ví la primera vez. La única diferencia era que caminaba más aprisa. El hombre de la esquina salió del bar para poder hablar con ella en la esquina. Ella pasó caminando, casi gruñendo algo que le al hombre gritaba y que, al parecer, era asunto de gran urgencia porque nunca se paró a decírselo sin gritos. Todavía no llegaba mi esperable.
Diez minutos después la ví subir por la calle aquella en bajada. Venía de la acera opuesta a la de la primera vez, así que había vuelto a dar la vuelta. Esta vez sólo llegó a la esquina a hablar con el hombre de la esquina y cuando vio alguien a lo lejos, decidió devolverse por donde había venido. Presurosa, la ví casi correr y el niño iba adentro, firmemente mecido, víctima de los adoquines y la velocidad de las piernas de su madre.
No ví a ninguna persona siguiéndola. No ví a ningún hombre qu ela acompañara. Me quedé esperando a mi esperable en esa ventiscosa esquina mientras pensaba en ella, en el niño, al cochecito y en ese del que ella huía.
12 de julio de 2007
Globalización, libre mercado, capitalismo y otras cuestiones
Ama de casa
Colgate
Paveca
Nivea
Gap
Questao de estilo
H&M
Ebel
Maybelline
Kellogs
Yoplait
Unicasa
Excelsior Gamma
Corelle
Yaley
Volkswagen
Volvo
Frameca
Propal
Carrier
Mongol
Faber Castell
Philips
Samsung
Hachette
Didier
Robert
PDVSA
Brahma
Buchanans
Marlboro
Nabisco
...
Es muy dificil escarpársele a las marcas, verdad?
Así que, creo, deberíamos repensarnos los clichés políticos.
6 de julio de 2007
El pájaro y la araña.
Su abuela vive abajo, en el sótano y su hermana arriba, en el medio.
De las telarañas que pendían de su cabeza, sacó la idea de que podía imitarlas y por las paredes caminar.
Bajó a hablar con su abuela. Se amarró una cuerda en la cintura que luego se enrolló y, como un yoyo, se dejó caer hasta el sótano.
Sobrevivió a la peripecia y le contó a su abuela. Ella le dijo que podía llegar a ser más, mucho más, que probara a soñar con más.
Así, Vicente se regresó a su cuarto y se sentó a ver por la ventana. Allí vió a los pájaros cantores.
Como ellos, pensó, podría cantar. Y entre acordes y tamborileos, se sentó a ensayar palabras y frases entonadas. Luego escribió canciones y las cantaba.
A mediodos del otoño, sintió que entendía perfectamente a los pájaros que anhelaban irse para finales de la estación. Vicente había oido conversaciones entre pájaros desde la primavera y entendía de sus planes y rutas de vuelo.
Un buen día, el pájaro más anciano nombró al que sería el lider de la bandada y emprendieron vuelo. Vicente los siguió...
...y al saltar de la ventana se acordó de que alguna vez fue araña pero nunca pájaro y sus alas desaparecieron y cayó a tierra.
Si tan sólo Vicente hubiera seguido creyéndose pájaro...
5 de julio de 2007
Frambozen

Framboos...
...kleine, rode, lekker.
...suikered, gebakken, kokken.
...nu, dan, nooit.
Frambuesa...
...pequeña, roja, sabrosa.
...azucarada, asada, cocida.
...ahora, entonces, nunca.
Delicadas, prístinas, suaves y velluditas. Frutas de terciopelo fino, de un rojo sonrosado, de pequeñas espinitas en el tallo.
La frambuesa me sabe a lluvia, a verde, a ternura, a pasado y renuncia, a pérdida y penurias, a dolor y nunca...
La frambuesa me sabe a un tiempo, un lugar, un momento y un pensar. Así que por eso, esa frutita, me hace llorar.