7 de junio de 2007

Recuento de un amor antes de partir de viaje

Me encontré en estos días con un paquete de cartas. Como los paquetes “de antes”, éste tenía el sabor de un gran amor sin tiempo ni espacio. Un amor de esos, universales. La escritura es como las de las mujeres: cuidaditas, ordenaditas... ustedes saben!

No sé qué hacer con tanto amor junto y sólo me provocó compartir con ustedes un poquito de esas cartas. Son menudas, bien dobladitas con unas formas muy curiosas y van numeradas en una secuencia que alterna guiños, colores y números. Son lindas, ¿qué más quieren que haga con eso?

Nota sonriente: Para mi xxxxito (apelativo tierno.. .y tenía un muñequito sonreido, nada de números)

Por fin le veo el lado “simpático” a este largo viaje de 21 días... te voy a llenar la casa con tarjetitas para que las busques!!
Te lo advierto: sólo si ordenas el desastrico tuyo que sigue embalado las vas a conseguir...
Yo voy a seguir, tengo que escribir cositas lindas para que te entusiasmes ante tanto tedio.

Segunda nota: Te quiero mucho!!

Aqui, escribiéndote, me da por pensar en dónde te voy a esconder las notitas, y me hago angustias por saber cuál encontrarás primero.
Viéndolo bien, me digo, creo que las encontrarás en el orden en que debas hallarlas, ni más ni menos.
La vida te va preparando para las cosas que te pone. Te va dejando notitas aquí y allá y al final te recompensa con algo digno de tu sabiduría.
Y si en este vasto mundo tuve la dicha de encontrarte, sé que te vas a encontrar con todas mis notas.

Tercera nota: Pensándote (La carta está escrita en un papel marrón)

Este es uno de esos colores que no te queda bien. Así como el amarillo pollito. O las camisas con rayas horizontales (además, a mí no me gustan esos estampados, me parecen simplistas). O las chaquetas con cuello redondo porque te hacen ver con menos cuello del que en realidad tienes.
Estas son algunas de esas cosas que no debería decirte “porque te quiero”. Pero, creo, a veces hay que decirle las cosas a la gente en su cara, con dulzura, precisamente porque uno los quiere.
Gracias, por oírme sin enfadarte. Muchas más gracias por decirme, con firmeza y sinceridad, tantas cosas. Simplemente porque me quieres.

Sexta nota: 6 (no hay nada más) (la nota está hecha en un papel azul)

Tengo casi una hora en esto. ¡Pero me lo he disfrutado tanto!
De “postre”, te dejo la azul.
Es que, contigo, la vida me parece azul. Pero azul en español, no en inglés.
¿Sabes que “estar azul” en inglés, es “estar depre”?
Yo, contigo, me siento azul, pero a la castellana...
...todo es grande
...todo es tranquilo
...todo es fácil de contemplar.
Sé que estás sonriendo... y yo contigo, mi gran, suave e infinito corazoncito azul.
Te quiero en azul... sin tristezas ni melancolías.

Individualidad versus promedios!

En este país de misses donde me tocó vivir, en el que en cada esquina de la calle se puede ver un paisaje infinito de mujeres vistiendo a la moda, contoneándose en tacones que superan la ley de gravedad y la credulidad de cualquier traumatólogo o podólogo, donde abundan las manicures en uñas postizas (acrílicas, gel, etc.) o naturales, donde se hizo costumbre los cabellos muy cuidados y bien peinados, no resulta raro ver -con absoluta naturalidad- los “retoquitos” que mejoran (aún más) los atributos de las féminas de esta tierra que Colón bautizara como “de gracia”.

Los aumentos de senos han sido, junto con las operaciones para corregir narices que no resultan naturalmente respingadas, la cirugía plástica que más se ha difundido en Venezuela. Aún no termino de creerme -me gusta pensar que son exageraciones propias de mis coterráneos- que hasta se ofrece como regalo a las quinceañeras... “hija mía, qué prefieres: ¿una fiesta o un implante de senos?” La cosa, me aseguran, es real y los médicos se han visto obligados a hacer advertencias pertinentes sobre lo inadecuada que resulta la operación en las jóvenes que no han alcanzado los 18 años y no han completado su desarrollo. Yo, por puro uso común (que, como decía algún proverbio “resulta algo poco común”), deduzco que ese no debería ser un regalo ofrecido a ninguna mujer que no lo necesite por serios problemas de autoestima o de falta de senos.

Es que, ya lo he dicho antes, esas cirugías tienen sus riesgos para la salud. Pero, a juzgar por la dificultad que tienen las chicas que tienen más que una copa B para encontrar un brassier que se ajuste a su anatomía, el someter a una jovencita a semejante operación es encaminarla a una pesadilla de búsqueda sin fin.

Pero eso lo digo yo, como una humilde opinión, a pesar de que me ha tocado ser el “bicho raro” de la especie: soy una venezolana que no se alisa el cabello porque lo tiene lacio, no se lo recoge en moños porque lo lleva muy corto, no se hace manicures porque no soporta tener las manos quietas más de media hora esperando que se seque el esmalte, no se ha retocado su nariz prominente porque tiene carácter y forma consona con el resto del rostro, tiene una copa A y sufre, igual que las señoritas muy prominentes, de no poder encontrar un brassier a su medida porque, simplemente, no es como el promedio de copas B...

Así las cosas, me uno a las campañas de Khabiria por los sostenes lindos para las gorditas... pero yo lo lidero para las flaquitas! Que también tenemos derecho a soñar con encajes y colores, con plumas o transparencias, con piedritas brillantes o estampados... y no sólo en blanco, beige o negro sin adornitos de ninguna especie o tirantes con elásticos fantasiosos.

Porque los extremos se eliminan para los cálculos de los promedios, no significa que a las personas que no estamos en el promedio, de golpe y porrazo, nos eliminen las opciones o nos dejen en la sombra de lo inexistente.

¡Por un mundo de individuos y no de promedios, brassiers para las tallas pequeñas!